Las lágrimas de Roger Federer (2º) al concluir la final de Roland Garros parecían genuinas. Y es que es que este momento lo estuvo aguardando por cuatro años, los mismos en que su archirrival, Rafael Nadal, se convertía no sólo en el rey de la arcilla, sino que monarca de este certamen cuatro veces consecutivas.
Con el español eliminado en octavos de final, Federer sabía que ésta era su oportunidad. Una chance que vio en peligro ante los argentinos José Acasuso y Juan Martín Del Potro, y frente al alemán Tommy Haas, quienes tuvieron por las cuerdas al suizo. No obstante, el dos del mundo salió adelante e iba firmemente por su objetivo.
Al frente, un debutante en partidos decisivos sobre arcilla, como el sueco Robin Soderling (25º), que dio el gran batatazo al eliminar a Nadal, Nikolay Davydenko, David Ferrer y a Fernando González. El escandinavo no tenía nada que perder y mucho que ganar. En realidad, ya había ganado demasiado durante estas dos semanas de ensueño que tuvo en la ciudad de las luces.
No obstante, no pudo disfrutar a cabalidad de la final. Federer, implacable desde el comienzo, no dio lugar a otra sorpresa del sueco. En 24 minutos ya se imponía en el primer set por 6-1, apelando a dos quiebres de servicio, el punto más fuerte mostrado por su rival en el torneo. El siguiente parcial fue mucho más parejo en su desarrollo y también estuvo marcado por la invasión de un hincha que intentó colocarle una bandera al suizo. Este episodio lo sacó un poco del partido, aunque sin hacer peligrar un triunfo que ya lo tenía en sus manos. En este parcial ambos mantuvieron su saque hasta forzar un tie break, en el que el helvético ganó por 7 a 1.
La mesa estaba servida, más aún cuando en el inicio del tercer set, Roger quebró de entrada, lo que le sirvió para manejar a su antojo el capítulo. Soderling, que se vio eclipsado por su contrincante, no podía entrar en juego y no fue ni la sombra del hombre que derribó a cuatro jugadores ubicados entre los 15 mejores del ranking. No se cumplieron las dos horas de juego cuando la cancha principal Phillip Chatrier estalló en júbilo ante la victoria del helvético por 6-4.
Rodillas al suelo, mirada hacia el cielo queriendo dar las gracias y lágrimas fue lo que sintió Roger Federer al instante de ganar. No es para menos, pues es su primera corona en Roland Garros, con lo que se convierte en el sexto tenista en la historia en conseguir los cuatro torneos grandes (además de este certamen se cuentan Australia, Estados Unidos y Wimbledon), algo que ningún tenista conseguía desde 1999, cuando Andre Agassi -quien entregó la copa-, también en París, lo logró. Eso no es todo. Igualó a Pete Sampras en títulos de Grand Slam y llegó a 14 en su cuenta personal.
A sus 27 años, Federer dio otro paso más en la historia. ¿Qué queda ahora? Wimbledon, su torneo favorito, donde intentará superar a Sampras y convertirse en el jugador con más títulos en Grand Slam y materializar su trofeo número 60, además de darle caza a Rafael Nadal en el liderato del ranking ATP. La temporada sobre césped comienza la próxima semana en Queen's, donde Nadal no defenderá su título, lo que pondrá más emoción en la pelea por ser el mejor jugador en la actualidad, porque de la historia, Roger está muy cerca de serlo, si es que ya no lo es.
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