Quiero aclarar algo de entrada. No me opongo, a priori, a la posibilidad de otorgarle alguna vez la nacionalidad chilena por gracia a Marcelo Bielsa. Me parece que el asunto no tiene la gravedad que muchos quieren darle y, por lo demás, creo que es hipócrita negar el aporte de alguien ligado al mundo del fútbol a nuestra sociedad.
Es más, me gustaría saber qué opina la mayoría de mis compatriotas al respecto, pues si es por poner la idea sobre la balanza, Bielsa ha aportado más al país con las alegrías que nos ha regalado y la enseñanza que nos deja (con su mentalidad ganadora, su dedicación y su seriedad) que, por ejemplo, algunos empresarios foráneos.
¿O acaso me va a decir que tuvo más méritos para recibir la nacionalidad por gracia Horst Paulmann, cuyo único mérito ha sido hacerse rico a costa de los chilenos? ¿Por qué no les preguntamos a todos si piensan que él merece más la nacionalidad que un entrenador austero, trabajador y que nos lleva a un Mundial?
Pero debo decir que la actuación de los diputados Gabriel Silber, Carolina Goic y Tucapel Jiménez fue ridícula. Si en verdad querían hacerle este reconocimiento a Bielsa y no aprovechar la coyuntura para sumar votos, lo primero era preguntarle al ‘Loco’ si estaba de acuerdo. Y, conociendo su bajo perfil público, de seguro habría dicho que no.
Y tras la vergüenza que hicieron pasar a Horacio de la Peña, lo más lógico era buscar un consenso en privado y presentar el proyecto con la seguridad de que sería aprobado. Pero no, optaron por el camino populachero y no siguieron la enseñanza del propio Bielsa: que antes de actuar, hay que trabajar. No fue así e hicieron el loco. Un desastre.
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