Con los Juegos Olímpicos de Invierno 2010 a la vuelta de la esquina, Vancouver ha intensificado las medidas para mejorar la seguridad, una de las principales preocupaciones de todo evento olímpico.
La policía mantiene bloqueada la principal vía de acceso al centro principal de prensa y al centro de transmisiones.
Por eso, por ejemplo, los periodistas acreditados tienen que detener sus vehículos a diez cuadras y someterse a los controles de seguridad para luego dirigirse al estacionamiento del centro principal de prensa.
Los organizadores alegaron que el plan de contingencia de trasladar la sede de los controles de seguridad de los vehículos a un sitio distante tiene como objetivo aliviar el posible congestionamiento de tráfico.
El presupuesto de seguridad llega a unos 958 millones de dólares canadienses (casi 900 millones estadounidenses), casi seis veces más de lo calculado originalmente. Por eso, ésta es la mayor operación de resguardo público llevada a cabo en Canadá en tiempos de paz.
Todo para controlar miles de kilómetros de línea costera en el oeste del gigantesco país, así como el espacio aéreo sobre la región olímpica. Y se trata asimismo de no perder de vista la cercana frontera de Canadá con Estados Unidos y de proteger a centenares de miles de turistas olímpicos.
En total, 16.500 soldados y personal privado de vigilancia cuidarán que los Juegos discurran con normalidad. Y la responsable de la seguridad es la policía montada de Canadá.
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